El darle voz a una pasión que se vive en cada cancha
Cada 25 de agosto se celebra el Día del Relator de Fútbol, una fecha para reconocer a quienes tienen el desafío y el privilegio de ponerle voz a una de las pasiones más grandes de nuestro país.
Porque relatar fútbol es mucho más que contar lo que sucede dentro de una cancha. Es acompañar. Es emocionar. Es conseguir que alguien que está a kilómetros de distancia pueda cerrar los ojos y saber dónde está la pelota, imaginar la jugada y sentir, por un instante, que también está ahí.
Hay voces que se escuchan durante noventa minutos, pero que quedan en la memoria durante años. Voces que acompañan un gol, una definición, una clasificación o simplemente un partido de domingo. Voces que, con el tiempo, terminan formando parte de la historia de quienes las escucharon.
Detrás de cada relato hay mucho más de lo que se escucha al aire. Hay información, preparación, conocimiento, vocabulario, dicción, improvisación y muchas horas de práctica. Pero también hay algo que no se aprende en ningún manual: la pasión.
El relator tiene la tarea de transformar una imagen en palabras y hacer que el fútbol pueda sentirse incluso cuando no se está frente a una cancha. Cada jugada exige atención, rapidez y capacidad para encontrar la manera justa de contar lo que está pasando.
Ernesto “Turco” Maluf, relator, Licenciado en Comunicación Social y docente del curso de Relato y Comentario de Fútbol del Instituto Mariano Moreno, resume esa responsabilidad en una frase: “Primero hay que relatar; después, emocionar, divertir y acompañar”.
Y justamente ahí aparece una de las características más especiales de esta profesión. Un buen relato no se trata solamente de gritar un gol. Se trata de conseguir que ese momento signifique algo para quien está escuchando.
“Un relato no se mide solamente por cómo gritaste un gol, sino por lo que ese relato consiguió transmitir”, sostiene Maluf.
Antes de que una transmisión comience, existe un trabajo que muchas veces queda detrás de escena. Investigar, leer, conocer a los equipos, saber quiénes son sus protagonistas y prepararse para lo que pueda suceder son parte fundamental de la tarea.
Después llega la práctica. Escucharse, grabarse, probar, equivocarse y volver a empezar. Porque encontrar una voz propia lleva tiempo y requiere animarse a recorrer el camino.
Hoy existen nuevos espacios y oportunidades para quienes sueñan con dedicarse al relato, aunque también aparece un desafío: diferenciarse y construir una identidad propia.
No se trata de imitar una voz que ya existe, sino de encontrar la propia. De construir un estilo, una manera de contar y un sello que permita que, algún día, alguien escuche una transmisión y reconozca quién está detrás del micrófono.
Porque el relator no solamente describe lo que ve. Vive el partido. Acompaña la tensión, la incertidumbre, la alegría y la tristeza. Está ahí cuando todo puede cambiar en cuestión de segundos y tiene la responsabilidad de convertir esos instantes en palabras.
Por eso, un relato puede trascender el partido. Puede convertirse en un recuerdo familiar, en una frase que se repite durante años o en esa voz que, apenas vuelve a escucharse, nos transporta inmediatamente a un momento determinado.
Para muchos, el camino comienza mucho antes de una transmisión profesional. Comienza escuchando partidos, imitando voces, relatando partidos imaginarios, grabándose y soñando con algún día ocupar ese lugar.
La formación es parte de ese recorrido. Brinda herramientas, conocimientos y recursos, pero también permite descubrir qué tipo de comunicador se quiere ser.
Porque detrás de cada relator hay una historia, horas de preparación, nervios, errores, aprendizajes y, sobre todo, un sueño. Un sueño que empieza con una pelota, continúa con una voz y puede terminar convirtiendo noventa minutos de fútbol en un recuerdo para toda la vida. Porque los partidos terminan. Los goles quedan en los archivos. Pero cuando un relato logra emocionar, su voz puede quedarse para siempre.
Desde el Instituto Mariano Moreno acompañamos a quienes eligen formarse en el mundo de la comunicación deportiva y sueñan con transformar su pasión por el fútbol en una profesión.
Autor: Shaiel Velásquez